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Raistlin

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Nov. 3rd, 2009

Raistlin

Holaaaaaaaa!!

Uno: Quiero MI foto con los de la Naranja Mecánica ([info]shiorita!!)
Dos: Ya de paso, estaría bien tener el resto de fotos/vídeos de la KDD de Madrid.
Tres: Porque a lo tonto a lo tonto, nadie a subido nada sobre ello. Y luego soy yo la que no postea, ¿no? ¬¬
Cuatro: Manual de supervivencia zombie. Menudo descubrimiento, macho. La puta polla.
Cinco: Eso me lleva al Proyecto g.o.r.e., a ese fic porno de zombies que quiero escribir e ilustrado por [info]mina_lovette
Seis: Subido
Siete: La vuelta a casa la pasé leyendo -como todas, imagino- y mi amigo me dejó un manga de Jesulink, el de Raruto. Cinco Elementos, se llama, y el descojone fue idéntico al del punto cuatro.
Ocho: Solo sigo con esto porque quiero llegar al diez.
Nueve: Reitero mi odio hacia LJ. Pero, ¿veis? He actualizado. Merezco piruletas y caramelitos.
Diez: Pardiéz.
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Dec. 28th, 2008

Dead eye

Draco/Hermione


He escrito un Dramione. Sí, yo. Lo sé, lo sé, dije que nunca más escribiría algo de romance pero la carne es débil y más aún cuando escribes un final alternativo al 7º libro. Y pecaré de orgullosa pero me encanta como ha quedado. No se, creo que es el fic que más me gusta de los que he escrito.

En fin, si alguien quiere leerlo www.fanfiction.net/s/4747422/1/El_poder_del_amor ahí está.

Espero que os guste ;)
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Aug. 28th, 2008

Raistlin

De todo lo apolíneo y dionisiaco

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�Ya se hacer cuts! -y de melanc�licos de manual, por aqu� tambi�n- )

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Oct. 18th, 2007

Raistlin

Retos a la carta, Argus

Un poco más sobre ese celador uraño. Gracias por todos los comentarios anteriores. Me anima el saber que no estoy loca por gustarme Filch -o al menos no ser la única-


Perseverancia


Fue a un colegio muggle. Uno muy bueno, donde era popular y le trataban bien, no como si fuera un bicho raro –que es lo que hacía su familia. Tenía amigos y sus notas estaban entre las mejores. Se integraba.

Lo malo era al volver a casa; las miradas asqueadas y compasivas, la evitación de cualquier contacto físico con él, como si tuviera una enfermedad contagiosa. Y la tenía, aunque no contagiosa, la tenía.


Aún así, los fines de semana quedaba con su prima. La mayoría de las veces Elizabeth rehuía los comentarios acerca de Hogwarts, pero otras veces era Argus quien preguntaba. Y esas ocasiones dejaban en él un sentimiento francamente perturbador. Porque cuando escuchaba a su prima hablar de duelos de varitas en los pasillos, de competitividad entre casas, del techo del Gran comedor, de los desayunos -¡Parece que todos los días sean Navidad Argus, es alucinante!-, de los profesores –Me tiene manía, te lo digo yo-, de los fantasmas... veía todo a través de los ojos de Elizabeth, y le gustaba.

Y entonces, los días de sol en lo que todo parece que vaya a salir bien, su prima sacaba algunos libros y le explicaba cosas. A Argus le gustaba Historia de Magia, saber que había sucedido en el pasado para entender el presente. Herbología también le atraía, toda esa flora mágica envolviéndole. Al poco tiempo de decantarse por estas asignaturas -¿Y donde dices que puede conseguirse el Lazo del Diablo, Eli?- los dos se dieron cuenta de que precisamente eran las que menos uso de varita precisaban. Ninguno dijo nada. ¿Para qué? Los dos sabían la causa.


Pero en una fría tarde de Octubre, en un momento en el que Elizabeth salió de la habitación para ir a por la merienda, Argus descubrió sin querer su varita sobresaliendo por su mochila. Y no es que nunca hubiera visto una, que va. Pero divisarla ahí, a su alcance, era una tentación muy grande.

Cuando Elizabeth volvió al cabo de unos minutos, vio a su primo con la varita en alto, en una posición bastante cómica, haciendo unos aspavientos como de molino. Y, lejos de reírse, hizo otra cosa.

-El movimiento es un poco más suave, tienes que agitarla, no enarbolarla como una espada. Mira, así –se la quitó de las manos con suavidad, ante la mirada curiosa de Argus-. ¿Ves?

Porque si de algo disponen los niños de once años, es de perseverancia. 
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Oct. 13th, 2007

Raistlin

Retos a la carta, Argus.

Paciencia

Mira a través de la ventana de su habitación. La luna ilumina una calle vacía, no hay nadie. A través de las paredes escucha sollozar a su madre y siente la impotencia de su padre. Y eso, que escondan sus sentimientos, le hace sentir aún peor.

Ningún niño tendría que sentirse así el día de su undécimo cumpleaños. No ha recibido la carta de Howgarts. Cierto es que lo sabían de antemano, pero si quedaba algún resquicio de esperanza, por mínimo que fuera, se ha esfumado ya, cuando el 13 de Agosto ha llegado a su fin.

 

Cuando cumplió los tres años, comenzaron las dudas de sus padres, “¿Y si...?”.  Ningún brote de magia. Pero era imposible. Nunca hablaron de ello. Ya pasará. Pero no pasó. Y fue creciendo sano, alegre, vivaracho, y... muerto.

Para él era algo normal, la magia. Veía a sus padres hacerla continuamente, a sus tíos, a la gente mayor. Pero un día, cuando a su prima Elizabeth le empezaron a salir burbujas y estrellitas de la boca, se preguntó, ¿Y porqué no yo?. Se lo hizo saber a sus padres, y estos no tuvieron el valor de decírselo. No con seis años. ¿Cómo manchar el espíritu de un ángel como él? No podían confesarle que estaba maldito. No, porque aún había esperanza. Pero esta se fue acabando conforme pasaron los días.

 

Ahora observa silencioso la carta de Elizabeth encima del escritorio, comunicándole la fecha del día en el que irán a comprar sus cosas al callejón Diagon. Porque iban a ir los dos, a Howgarts, juntos. Siempre  esperaron a que Argus rompiera un jarrón sin tocarlo, a que se hinchara como un globo, a que se volviera verde, a algo. Mientras los demás miembros de la familia se consolaban mutuamente, Argus esperó.

 

Y ahora no tiene valor para contestarle a su prima que lo siente mucho, pero que no podrá acompañarla.

 

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